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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
El Paso de los Pirineos
Por fin, el 19 de noviembre salió de Barcelona en el autobús de la Seo de Urgel. Después de días difíciles, el 2 de diciembre de 1937 conseguían cruzar la frontera de Andorra y llegaban a Sant Juliá. Terminaba la pesadilla que empezó en octubre de 1937. El Fundador del Opus Dei lo había pasado muy mal: además de la atenazante preocupación por los que quedaban en Madrid y en los frentes, la fatiga física rozaba el agotamiento desde la primera noche en que habían comenzado a andar. No obstante, los que fueron con él coinciden en que conservó siempre la paz y la alegría. Don Juan Jiménez Vargas asegura que, hasta entonces, no había llegado a comprender bien lo que es la alegría del que se sabe hijo de Dios. Poco después, don Juan hizo una breve nota, resumen de su experiencia de aquellos meses, que dio origen al punto 659 de Camino:
La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre–Dios.
Con esta alegría, el Fundador del Opus Dei se puso de nuevo en marcha. Pasó por Lourdes antes de volver a España. Cruzó la frontera por Irún, y en Pamplona don Marcelino Olaechea, su buen amigo, lo alojó en el Palacio episcopal. Poco después se trasladó a Burgos, donde vivía el Obispo de Madrid, y desde donde le sería más fácil recuperar el contacto con diversas personas a las que venía tratando ya antes de la guerra y que estaban ahora desperdigadas por el país.
Pero las dificultades no cesaron. La mayor parte de los que le habían acompañado en el cruce de los Pirineos tuvieron que incorporarse a filas. Afortunadamente a Burgos acudían muchos otros, cuando conseguían permiso en sus destinos militares. Desde la capital castellana don Josemaría hizo un inmenso apostolado epistolar. Cuando era necesario, se trasladaba hasta donde hiciera falta, para atender a quien pasaba dificultades, para dirigir un curso de retiro, para visitar a algún obispo, para resolver los problemas que surgían. Tomás Alvira, uno de los que le acompañaron por los Pirineos, conserva una carta suya fechada en Burgos, el 4 de febrero de 1938:
Jesús te guarde.
Querido Tomás: ¡Qué ganas tengo de darte un abrazo! Mientras, te pido que nos ayudes, con tus oraciones y tus trabajos.
Yo voy corriendo de un lado a otro: acabo de venir de Vitoria y Bilbao. Y antes: Palencia, Valladolid, Salamanca y Ávila. Ahora estoy curando un catarro que pesqué en el Norte. Después, voy a León y a Astorga.
Tomasico: ¿cuándo harás una escapada, para que nos veamos?
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre–Dios.
Con esta alegría, el Fundador del Opus Dei se puso de nuevo en marcha. Pasó por Lourdes antes de volver a España. Cruzó la frontera por Irún, y en Pamplona don Marcelino Olaechea, su buen amigo, lo alojó en el Palacio episcopal. Poco después se trasladó a Burgos, donde vivía el Obispo de Madrid, y desde donde le sería más fácil recuperar el contacto con diversas personas a las que venía tratando ya antes de la guerra y que estaban ahora desperdigadas por el país.
Pero las dificultades no cesaron. La mayor parte de los que le habían acompañado en el cruce de los Pirineos tuvieron que incorporarse a filas. Afortunadamente a Burgos acudían muchos otros, cuando conseguían permiso en sus destinos militares. Desde la capital castellana don Josemaría hizo un inmenso apostolado epistolar. Cuando era necesario, se trasladaba hasta donde hiciera falta, para atender a quien pasaba dificultades, para dirigir un curso de retiro, para visitar a algún obispo, para resolver los problemas que surgían. Tomás Alvira, uno de los que le acompañaron por los Pirineos, conserva una carta suya fechada en Burgos, el 4 de febrero de 1938:
Jesús te guarde.
Querido Tomás: ¡Qué ganas tengo de darte un abrazo! Mientras, te pido que nos ayudes, con tus oraciones y tus trabajos.
Yo voy corriendo de un lado a otro: acabo de venir de Vitoria y Bilbao. Y antes: Palencia, Valladolid, Salamanca y Ávila. Ahora estoy curando un catarro que pesqué en el Norte. Después, voy a León y a Astorga.
Tomasico: ¿cuándo harás una escapada, para que nos veamos?
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
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Relación de contenidos
- La prudencia sobrenatural de san Josemaría Escrivá
- Las almas, como el buen vino, mejoran con el tiempo
- Nada más prudente que aquella locura
- En medio de la efervescencia social y política.
- Una nueva sede para DYA
- Enfrente del Cuartel de la Montaña
- La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil
- De refugio en refugio
- Ejercicios espirituales caminando por la calle
- El Paso de los Pirineos
- En el vagón del ferrocarril, o en algún coche desvencijado, o en el frente
- ¿Crees que no habrá uno, siquiera capaz de entendernos?
- Lo poco que queda de mi casa
- Ante todo y sobre todo, sacerdote de Dios
- El camino jurídico del Opus Dei
- Con la venia del Obispo de Madrid
- La aprobación del Obispo de Madrid
- Con un siglo de anticipación
- ¿Qué será de nosotros, Padre mío?
- Un lugar para la Obra en el derecho de la Iglesia
- El brazo de Dios no se ha empequeñecido
- La vocación divina del laicado
- La barca de Pedro no se hunde
- La marcha del Concilio Vaticano II
- Lealtad a la Iglesia
- 'Fortes in fide' - fuertes en la fe
- El Concilio Vaticano II y la promoción del laicado
- Sufría en su alma los sufrimientos de la Iglesia
- Años de oración continua
- La caridad, más que en dar, está en comprender
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