PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiLa artillería de los hospitales de Madrid


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
La artillería de los hospitales de Madrid
Pocos meses después, el 19 de febrero de 1975, en Ciudad Vieja (Guatemala), volverían a su mente esos años en los que contó con toda la artillería de muchos hospitales de Madrid:
Yo les pedía que ofrecieran esos dolores, sus horas de cama, su soledad –algunos estaban muy solos–: que ofrecieran al Señor todo aquello por la labor que hacíamos con la gente joven.
Les enseñaba así a descubrir la alegría del sufrimiento, porque participaban de la Cruz de Jesucristo y servían para algo grande y divino. El Fundador del Opus Dei encontraba en ellos auténtico motivo de fortaleza, seguridad de que el Señor sacaría la Obra adelante a pesar de los hombres, a pesar de mí mismo, que soy un pobre hombre.
Desde entonces, junto a la catequesis en los barrios pobres, las visitas a enfermos y desamparados serían medios habituales para impulsar el apostolado que el Opus Dei hace entre gente joven de todo el mundo.
También en Lisboa, en noviembre de 1972, se refería al sentido cristiano del dolor:
Te encontrarás también con el dolor físico, y feliz en ese sufrimiento. Me has hablado de Camino. No me lo sé de memoria, pero hay una frase que dice: bendito sea el dolor, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor. ¿Té acuerdas? Eso lo escribí en un hospital, a la cabecera de una moribunda a quien acababa de administrar la Extremaunción. ¡Me daba una envidia loca! Aquella mujer había tenido una gran posición económica y social en la vida, y estaba allí, en un camastro de un hospital, moribunda y sola, sin más compañía que la que podía hacerle yo en aquel momento, hasta que murió. Y ella repetía, paladeando, ¡feliz!: bendito sea el dolor –tenía todos los dolores morales y todos los dolores físicos–, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, ¡glorificado sea el dolor! El sufrimiento es una prueba de que se sabe amar, de que hay corazón.
Braulia, la hermana pequeña de María Ignacia García Escobar, contempla al Fundador de la Obra en 1931 “rodeado siempre de chicos jóvenes, que le acompañaban a explicar el catecismo en los suburbios, en los rastrojos y en barrios de chabolas. Hacía falta una inmensa fe para hacer aquello entonces. Y una gran valentía. Todavía recuerdo las caras de odio y el inmenso recelo que demostraban hacia los sacerdotes y sus acompañantes los hombres de aquellos barrios”.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Yo les pedía que ofrecieran esos dolores, sus horas de cama, su soledad –algunos estaban muy solos–: que ofrecieran al Señor todo aquello por la labor que hacíamos con la gente joven.
Les enseñaba así a descubrir la alegría del sufrimiento, porque participaban de la Cruz de Jesucristo y servían para algo grande y divino. El Fundador del Opus Dei encontraba en ellos auténtico motivo de fortaleza, seguridad de que el Señor sacaría la Obra adelante a pesar de los hombres, a pesar de mí mismo, que soy un pobre hombre.
Desde entonces, junto a la catequesis en los barrios pobres, las visitas a enfermos y desamparados serían medios habituales para impulsar el apostolado que el Opus Dei hace entre gente joven de todo el mundo.
También en Lisboa, en noviembre de 1972, se refería al sentido cristiano del dolor:
Te encontrarás también con el dolor físico, y feliz en ese sufrimiento. Me has hablado de Camino. No me lo sé de memoria, pero hay una frase que dice: bendito sea el dolor, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, glorificado sea el dolor. ¿Té acuerdas? Eso lo escribí en un hospital, a la cabecera de una moribunda a quien acababa de administrar la Extremaunción. ¡Me daba una envidia loca! Aquella mujer había tenido una gran posición económica y social en la vida, y estaba allí, en un camastro de un hospital, moribunda y sola, sin más compañía que la que podía hacerle yo en aquel momento, hasta que murió. Y ella repetía, paladeando, ¡feliz!: bendito sea el dolor –tenía todos los dolores morales y todos los dolores físicos–, amado sea el dolor, santificado sea el dolor, ¡glorificado sea el dolor! El sufrimiento es una prueba de que se sabe amar, de que hay corazón.
Braulia, la hermana pequeña de María Ignacia García Escobar, contempla al Fundador de la Obra en 1931 “rodeado siempre de chicos jóvenes, que le acompañaban a explicar el catecismo en los suburbios, en los rastrojos y en barrios de chabolas. Hacía falta una inmensa fe para hacer aquello entonces. Y una gran valentía. Todavía recuerdo las caras de odio y el inmenso recelo que demostraban hacia los sacerdotes y sus acompañantes los hombres de aquellos barrios”.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Los tres Primeros Sacerdotes del Opus Dei
- Los sacerdotes diocesanos en el Opus Dei
- Los primeros del Opus Dei
- Isidoro Zorzano, Juan Jiménez Vargas, Ricardo Fernández Vallespín
- Amigo de sus amigos
- Un amigo alegre y optimista
- Ahí viene el sacerdote que siempre está de buen humor
- Sembradores de paz y alegría
- Tiempo de amigos: Confianza, lealtad, gratitud
- La virtud más importante
- Gratitud y memoria
- Una gratitud especial
- Tiempo para los amigos
- Supo querer
- Con el mismo corazón
- Se pasó el tiempo de dar perras gordas y ropa vieja
- Ser santo es ser dichoso, también aquí en la tierra
- Alegría de vivir
- Los enfermos son el tesoro del Opus Dei
- Más sabía de Madrid que muchos madrileños
- Hombres y mujeres de mil razas y colores
- Tres, trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones
- San Josemaría en hospitales y suburbios
- El Opus Dei crecía para adentro
- La artillería de los hospitales de Madrid
- Alguna que otra pedrada
- De cien almas, nos interesan las cien
- ¿Vale más vuestro trabajo o el de un ministro?
- Corazón Universal. Una Audacia: la Academia DYA
- Abriendo horizontes
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