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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Abriendo horizontes

Etiquetas: Educación, Opus Dei, Colegio
Vista actual de la calle de Luchana, 33 - primera sede de la Academia DYA, en los años 30
Vista actual de la calle de Luchana, 33 - primera sede de la Academia DYA, en los años 30
Los socios de la Obra no han olvidado los horizontes que el Fundador abría, en aquellos años treinta, cuando todo estaba comenzando. Así, don Juan Jiménez Vargas recibió en 1933 una explicación clarísima de lo que serían en concreto estas obras apostólicas del Opus Dei, en el ámbito de la enseñanza. Habría que hacer, entre otras cosas, centros docentes no oficiales, impregnados de sentido cristiano desde el principio al fin, pero sin llamarse nunca “católicos”. Serían siempre pocos, fruto de la iniciativa de algunos socios de la Obra, una parte de los dedicados profesionalmente a la enseñanza, porque muchos, en el ejercicio de su libertad, preferirían seguir trabajando en centros oficiales. En cualquier caso, estos profesionales no serían muchos en comparación con todos los que en cada momento formasen parte del Opus Dei. El profesor Jiménez Vargas asegura que “cuando me hablaron del planteamiento de la Universidad de Navarra, casi veinte años después, no me sorprendió nada porque era idea conocida”. Y añade: “estas ideas son las mismas que yo le oí el año 1933”.

En aquel tiempo, don Josemaría supo conjugar la universalidad que Dios quería para su Obra en el futuro, con el sobrio atenerse a la realidad del momento. Así inició, con los pocos medios de que disponía, la que fue primera iniciativa apostólica del Opus Dei, con todas las características que después tendrían estas actividades en el mundo entero: la Academia DYA, que comenzó a funcionar en 1933 en un entresuelo de la calle de Luchana, número 33, esquina a la de Juan de Austria.

Hasta entonces, como es fácil deducir de las páginas precedentes, el Fundador del Opus Dei había hecho su labor apostólica donde buenamente podía. El periodista Julián Cortés Cavanillas recuerda sus paseos con don Josemaría por Recoletos, y las veces que con él tomó chocolate con picatostes o churros en El Sotanillo, un lugar tranquilo, muy cerca de la Puerta de Alcalá, subiendo desde Correos. Aún existía en los años cincuenta, con aire casi de reliquia histórica, y conservaba incluso el letrero de la fachada –”chocolatería”–, aunque poco tenía que ver ya con lo que allí se bebía. Su distribución interior seguía siendo la misma que cuando, en 1931, sentados alrededor de una mesa, aquellos estudiantes escuchaban a don Josemaría. Desde la calle de Alcalá, unos pocos escalones llevaban a una especie de largo corredor, dividido por dos tabiques en departamentos casi independientes con mesas y sillas. Sorprendentemente, incluso en los años cincuenta, y a pesar del tráfico rodado de la calle, ofrecía su ambiente recoleto, propicio a la madrileña tertulia. Allí, con toda normalidad, impuesta también por la carencia de medios materiales, el Fundador del Opus Dei fue preparando la labor que pronto se ampliaría en la calle de Luchana.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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